martes, 10 de julio de 2007

Desayuno de Campeones

Hoy nuestro entrañable amigocho (al que conocimos la semana pasada), Walter Russeau, nos hizo el favor de invitarnos a participar en una de las tradiciones angelinas más estimadas: el Power Lunch.

Al principio no entendimos, como que por las memorias de nuestras mamás empacando loncheras para el kínder, nos sonaba como a “Gansito”® con esteroides. Como sea, acudimos a la cita en Lulu’s Café y ordenamos la especialidad de la casa para nuestro poderoso almuerzo.

Nos sorprendimos cuando llegó un plato con comida común y corriente, vamos, ni espinacas popeyescas ni con E.Coli había ahí. Era un omelette con quesito de cabra, champiñones, su aguacate y jitomates, pero con la costumbre insípida gringa de no ponerles salsa, no se les sentía el poder por ningún lado. Casi queríamos decirle “dame, dame, dame todo el power” a la güera de turno, que luego nos explicó que los jitomates eran orgánicos, el aguacate era californiano y la gallina vivía libre y sin hormonas. Le creímos porque ¿quién inventaría semejante disparate?

Para nuestra desagradable sorpresa, sin embargo, resultó que el poder al que alude el platillo es más bien adquisitivo, ya que los huevitos costaban 10 dólares, ya con impuesto. Se nos subieron a la boca del estómago, la verdad, de plano queríamos que la güera nos bajara un poquito los huevos, pero como no sabemos decir “¿cuánto es lo menos?" en inglés, tuvimos que apoquinar.

Pensar que allá en el terruño estaban los tomatitos muy contentitos; las gallinas se toman sus One-a-day® y demás hormonas para seguir poniendo (y poniéndole) con singular alegría y los aguacates no tienen papeles, así que nos los deportan para acá.

De cualquier forma, provechito.

lunes, 2 de julio de 2007

Una noche con María

Segunda Parte.

Una vez instalados, y ya aclimatados al folclor austriaco/asiático, nos dispusimos a disfrutar del espectáculo, no nos dimos cuenta que había mucho más show antes que empezara la película: el concurso.

Porque ni las monjas ni los Oktoberfesters se iban a quedar vestidos y alborotados. MEDIO auditorio desfiló y presumió sus garras de novicias rebeldes, monjas, capitanes de la marina austriaca y hasta uno que otro nazi. Los más originales, mas sin en cambio, fueron aquellos que tomaron su inspiración no de los personajes de la películas, sino de las LETRAS de las canciones, que admitimos apenados, nos sabemos de memoria, como los otros 18,000 fans de esa noche.

Es costumbre que además cada año inviten a alguna de las estrellas de la película que no hayan muerto a juzgar el desfile. Este año, ambos honores (el de no morir aún y el de ser juez) correspondieron a Charmian Carr, que interpretó a la hija mayor, Liesl,hace cuarenta y tres años.

La pobre conductora, Melissa Peterman(quizá la recuerden como la puta número 2 en Fargo) ya no sabía cómo hacerle para hacer desfilar a las casi mil personas que participaron en el concurso, porque ella no se puede ir hasta que pongan la peli, y a la hora programada todavía faltaban como ciento cincuenta concursantes, pero nosotros nos soplamos todo el desfile para que ustedes no tengan que hacerlo, así que aquí mencionamos los disfraces más originales:

  • El silbato del capitán Von Trapp
  • La silla con una piña encima
  • Un frasco de arañas
  • Copos de nieve en mi nariz y pestañas

Pero el disfraz que ganó un crucero por la Riviera Maya, además de cualquier cantidad de boletos gratis para más conciertos en el Bowl, fue… (redoble de tambor)

  • Un rayo de luna en la mano.

Sí, sabemos que no es fácil de entender, estamos seguros que el pobre niño cuya obsesiva madre lo disfrazó de mano e hizo sostener una luna de cartón y lentejuelas durante dos horas con los brazos levantados mediante un arnés tampoco estaba muy seguro de lo que estaba pasando, pero con un poco de terapia y un par de sesiones con un quiropráctico, su mente y sus adoloridos brazos volverán a funcionar normalmente.

Como sea, una paleta de premio a quien sepa de dónde rayos viene esta referencia.

Pero aquí está un breve recordatorio de algunas escenas de la película, cortesía de Peter Griffin.