jueves, 18 de octubre de 2007

Hijos de Satanás

o ¿para qué ir a misa?

Sabemos que cientos de nuestros lectores no han pisado una iglesia desde que destruyeron aquella maqueta de la Catedral Metropolitana en quinto de primaria. Pero, aunque no lo crean, queridos y enchamucados lectores, existen cien millones de mexicanos que profesan la religión católica, o por lo menos eso le dicen cada cinco años al INEGI.

Nosotros, como todos saben, acudimos cada domingo sin falta a misa, pero sólo porque estamos practicando para audicionar en Cambio de Hábito 3: de Misiones en la Sierra. Y es con nuestra vasta experiencia que les queremos decir, a riesgo de que nos excomulguen...

Por qué no es necesario ir a misa

Procesión de entrada
Si queremos una larga fila para estacionarse y encontrar terribles aglomeraciones donde, a pesar de todo, los congregados se regocijen de ir cada domingo, ¿qué mejor que la entrada de un centro comercial? Cantemos todos: "Qué alegría cuando me dijeron, vamos a comprar en Liverpool"

Penitencia
No hay contricción más sincera en un mexicano que la cruda moral. Nunca como un domingo en la mañana amanece un compatriota tan arrepentido de su comportamiento la noche anterior. "¿Recuperaré la cartera y/o celular o de plano es mejor no saber dónde los dejé? Por mi culpa, por mi culpa, por mi estúpida y briaga culpa".

Primera Lectura
Para historias de furia bíblica, basta sintonizar cualquier noticiario para oír de huracanes, temblores, incendios forestales, tsunamis, envenenamientos por plomo, etc. Las diez plagas de Egipto eran un día de campo comparado con las vacas locas, la fiebre aviar, las matanzas por militares, las pandemias, el licor adulterado, la pérdida de cosechas, el derretimiento de los polos y el huracán Kiko.

Salmo
No hay mejores expertos en alabanzas exageradas que los infomerciales. El Rey Salomón jamás hubiera podido ensalzar las virtudes del Nicer Dicer o el OrbiTrek a la una de la mañana en televisión. Se necesita un don divino para poder atribuirle tantas bondades a un reproductor de MP3 manufacturado por cincuenta y cuatro pesos para poder venderlo en $999.99 más gastos de envío.

Segunda Lectura
Todos sabemos que las epístolas están llenas de promesas del mundo futuro y de la eventual salvación de los oprimidos. Pero para qué molestarse con los efesios y los hebreos cuando tenemos la epístola del apóstol Felipe a los votantes, donde les promete un futuro con empleo y abundancia sin igual.

Evangelio
Tal vez la mejor buena nueva que hayamos recibido este año, aparte de que la gasolina se iba a tardar tres meses en subir, fue que, tras seis años de prédica, Vicente ya no tiene más bienaventuranzas para sus amigochos y no nos queda más que la triste sucesión de acusaciones contra él, sus hijos, los hijos de sus hijos, por los siglos de los siglos, amén.

Ofertorio
Cualquier mexicano que haya sido detenido por las recias fuerzas del orden y la seguridad en nuestro país ha tenido que ofrecer un sacrificio que fuera agradable a los ojos del señor... policía para que lo dejara ir en paz.

Comunión
Es harto difícil mantener a raya tanto a la diabetes como al hambre. Uno tiene que chambear mucho para mantener su alma inmortal sujeta a su frágil y maltratado cuerpo. Pero por la gracia del señor, nos llega la generosa quincena, que rápidamente inviertimos en pasar un viernes en la tarde en compañía de los cuates, donde el sudor de la frente se convierte ahora en pan y vino de amor, o más bien en las tostadas y el tequila que deben acompañar toda comunión cantinera.

La Bendición
Tras otra estrepitosa semana, es necesario volver al trabajo y enfrentar el tráfico, los lavaparabrisas, peseros, motociclistas, ambulantes, perros callejeros, violadores, policías, caníbales y mataviejitas que tiene la ciudad. No nos queda de otra que santiguarnos o pedir a nuestros respectivos seres queridos la bendición para salir de nuevo al infierno de la ciudad.

Demos gracias al señor, nuestro dios.

viernes, 12 de octubre de 2007

Una de vaqueros

El día de ayer, nuestra bella corresponsal Gina nos contaba sus aventuras (o más bien falta de) en el lejano pueblito de Patoburgo (pob. 30,000), que se encuentra en uno de esos estados de la Unión Americana que no están unidos más que por una carreterita de doble sentido.

La queja principal de Gina consistía en que según ella "no hay NADA que hacer" en el pintoresco pueblecillo.

Pero en Zero Cola creemos que quien es cosmopolita, puede triunfar en cualquier lado. Dicho de otra forma, el que es perico (o albañil) donde quiera es verde, así que aquí les sugerimos...

Cosas que puedes hacer en un pueblito gringo.

1. Averiguar cuál es el abrevadero público más cercano.
Desde la derogación de la Ley Seca, y especialmente en el llamado Deep South, la beberecua se ha convertido en una hermosa tradición que se transmite de generación en generación junto con la violencia familiar y la pobre salud dental. Aconsejamos salir en la nochecita del viernes y encontrar el origen de la beodez siguiendo en reversa los pasos de los que caminen más chueco.

2. Acudir debidamente armado.
Si algo aprendimos de Patrick Swayze en "El Duro" es que una cantina country puede convertirse en una orgía de destrucción en cosa de segundos. Las armas en los Estados Unidos son más abundantes que la salmonella en un puestos de tacos, así que no quieres ser el único pelao mudo a la hora que empiecen a tartamudear las fuscas.



3. Estar dispuesto a perder la dignidad.
Si creías que eso de bailar "No rompas más mi pobre corazón" es lo más ridículo que puede hacer alguien, te advertimos que cuando estás en este mundo (que es prácticamente el mundo Marlboro), no queda de otra que izquierda, derecha, atrás, adelante y media vuelta. El square dancing no sólo es popular, sino que el saber hacerlo da estatus y te ayuda a ligar en estos pueblos donde el pasito duranguense es desconocido.


4. No hacerle feos a nadie.
Lo más importante de la salida country es darse a conocer. No hay que olvidar lo que le pasó a Rosita Alvírez, la sensibilidad pueblerina siempre tiene que tratarse con musho tacto.




5. Olvidar lo que crees saber de los vaqueros.
A diferencia de Madonna, lo más posible es que los vaqueros que a ti te rodién (sí, siñor) jamás hayan estado en un salón de bronceado (pero sí muchas horas bajo el sol), que no se depilen el pecho, ni vayan al gimnasio ni tengan los dientes blanqueados... ni derechos... ni completos.



Siguiendo estos sencillos pasos, muy pronto contarás con muchos amigos o por lo menos con anécdotas que contar a tus amigos y EDITORES, que esperan con ansia tu próxima entrega.

Hiyo, Silver!